Manténgase hidratado
Junto con el oxígeno, el agua es el otro elemento imprescindible para la vida y compone hasta 70 por ciento de nuestro organismo, si bien la proporción se reduce con el paso de los años. A partir de la cuarta década de vida, el cuerpo requiere un mínimo de 2 a 2.5 litros diarios para funcionar bien. Esta cantidad puede tomarse en forma de agua, infusiones, caldos, así como en frutas y verduras ricas en líquido, como la sandía, el melón o la lechuga, excluyendo el alcohol.
Fibra vegetal, para la salud intestinal
Además de facilitar el tránsito de las heces por el intestino al conferirles volumen y humedad, ayudando a evitar el estreñimiento, los residuos de las frutas y verduras que no absorbe el organismo, ayudan a sentir el estómago saciado y, por tanto, a comer menos. Las principales fuentes de fibra son: los cereales, el salvado de trigo, las verduras, las frutas con piel y las hortalizas, y los frutos secos.
Desayune como un rey
La primera comida del día es fundamental, y debe descartarse “el bocadillo y el café a toda prisa” que produce un pico de energía rápida, seguido de un bajón de vitalidad y punzadas de apetito, y hace que a media mañana ya estemos famélicos. La mejor combinación es un lácteo con fruta fresca o jugo recién exprimido, más pan o cereales integrales. A ello conviene añadir miel, mermelada o azúcar, junto con unos emparedados de jamón serrano sin grasa, jamón york o pavo.
Mentalícese
contra el sedentarismo
La inactividad abre la puerta a muchas dolencias. Convénzase de que dedicar un tiempo a la actividad física debe convertirse en un hábito cotidiano como cepillarse los dientes. Muévase siempre que pueda, usando las escaleras y los pies, en vez del ascensor y el coche. Caminar media hora diaria basta para ahuyentar lo que algunos médicos llaman el “síndrome de la muerte por sedentarismo”.
¿Actividad o deporte?
Lo ideal es practicar ejercicio al menos tres veces por semana. Si no le gusta el deporte o no tiene tiempo, puede pasear, bailar, caminar a buen paso o hacer las tareas de la casa, cuidando las posturas del cuerpo. Puede dedicar un día a ir o volver andando al trabajo, otro a ir caminando a comprar, y el tercero a limpiar y ordenar toda la casa. Todo ello de forma regular, aumentando el tiempo y la intensidad de la actividad poco a poco y sin cansarse ni realizar actividades bruscas que fuercen el cuerpo.